domingo, 3 marzo 2024
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Club Náutico Ibiza acoge la presentación de un libro sobre usos y costumbres apícolas

“Las colmenas tradicionales de Ibiza y Formentera, un bien patrimonial singular“ se ha elaborado con el propósito de convertirse en una obra de obligada consulta

Portada del libro “Las colmenas tradicionales de Ibiza y Formentera, un bien patrimonial singular“.

El 3 de marzo, viernes, a partir de las 19.00 horas el Club Náutico Ibiza albergará la presentación del libro “Las colmenas tradicionales de Ibiza y Formentera, un bien patrimonial singular“.

El acto correrá a cargo del letrado D. Juan Carlos Rodríguez, especialista en Derecho Administrativo, y del propio autor, Vicent Marí, Presidente de la Associació d’Apicultors d’Eivissa, desde el año 2016. 

Según Vicent Marí esta obra nace con vocación compiladora de los usos y costumbres apícolas practicados por los apicultores a lo largo del devenir de los años en la Isla de Ibiza, desde el siglo XIV, con sus colmenas horizontales de piedra, únicas en el mundo, tanto por su construcción, los materiales empleados, sus dimensiones y su disposición en la particular orografía del monte ibicenco.

Entre otras cuestiones, el autor se adentra en profundidad en la construcción y emplazamiento del apiario, la sistemática de la recogida de enjambres y la propia cosecha, en algunos casos, dos al año. 

A partir de la próxima semana el libro se hallará a disposición de las bibliotecas de la isla, de los ayuntamientos, de la UIB, de entidades públicas y de los propios socios del Club Náutico Ibiza.

Una obra llena de referencias históricas

El libro recoge abundantes referencias históricas relacionadas con la apicultura. Aparentemente el lugar idóneo para la ubicación de la colmena era cerca de la vivienda, en un sitio resguardado del frío, del viento y del calor debiendo existir agua en las zonas más cercanas, así como plantas aromáticas meliferas incluso árboles frutales -Bonet y Mata, 1995, 280-. Virgilio, por su parte, refleja en sus Geórgicas la importancia de una localización adecuada “…..lo primero es buscar un lugar acomodado para las abejas en que ni penetren los vientos ni vayan las ovejas y los cabritillas a pisotear las flores….”

De forma general, la iconografía antigua, los relatos de los autores latinos, los vestigios arqueológicos y los mismos paralelos etnográficos nos muestran que existen notables similitudes entre los recipientes y las posibles prácticas apícolas entre ámbitos geográficos tan lejanos como son el extremo oriente y el extremo occidente mediterráneo o cronologías como la 1ª Edad del Hierro y la Época Moderna. Asimismo parece hoy evidente que se trata de una tradición con varios milenios de existencia que se puede haber desarrollado desde Oriente a Occidente.

Las peculiaridades de las colmenas ibicencas

Las colmenas tradicionales de Ibiza están diseminadas, separadas varios metros unas de otras, sin guardar una alineación y/o patrón predeterminado, ocupando una gran extensión, a diferencia de los colmenares de la Península Ibérica, o de los de Mallorca y Menorca, donde las colmenas se disponen unidas unas a otras, agrupadas, formando todo un cuerpo. Esta característica, su dispersión, es lo primero que llama la atención del observador. 

Son colmenas horizontales, colocadas a ras del suelo, con una ligera elevación, de tal suerte que no permita el acceso del agua torrencial al interior de la colmena. Ello dificulta la labor del apicultor, a diferencia de las de la vecina isla de Mallorca, algo elevadas, situadas sobre paredes de piedra, denominados “bancs d’abelles”, como los que describió Columela hace 20 siglos. 

La tercera característica de la colmena tradicional ibicenca, quizás la más impactante, sea su robustez. Están hechas para perdurar en el tiempo; de hecho no es una hipótesis descabellada pensar que las que actualmente se hallan en la mayoría de los aledaños y bosques de las casas del campo ibicenco fueran construidas por los primeros moradores, en el siglo VII a C, concretamente en el año 654, cuando Ibiza fue fundada por los fenicios.

Las cuatro épocas de la colmena ibicenca

Lo que más las diferencia de las colmenas de otros lugares es su revestimiento de acabado. La colmena en sí se rige por los mismos criterios económicos universales, esto es, el aprovechamiento de los materiales de la zona. La gran mayoría de colmenas en Ibiza están elaboradas con tronco de árbol hueco o de materia vegetal trenzada; también las hay de tablas y, raramente, de caña. Así, su autor se atreve a diferenciar cuatro épocas netamente presididas por unos rasgos que han impreso su marchamo en cada una de ellas. A saber, una primera época en la que se venía utilizando el verduc que más tarde se revestía con tierra blanca y cal en su parte interior y exterior. 

Posteriormente se utilizó el tronco hueco de higuera, algarrobo o almendro. En este caso las colmenas eran más cortas que las anteriores, posiblemente al no disponer de suficiente madera para elaborar el nido de cría. 

Una tercera época, en la que, previsiblemente por la influencia africana, se habilitaba en su interior de forma longitudinal un cilindro de cerámica. Típicas de finales del siglo XIX.

La cuarta se diferencia por la disposición, como nido de cría, de cuatro tablas de madera formando un rectángulo que discurría a lo largo de la colmena. Ello se explica por la presencia de abundante madera y herramienta mecánica adecuada, como la sierra de cinta y las máquinas del tipo multiplex, que cortaban, regruesaban, cepillaban, taladraban y fresaban la madera, posibilitando el corte de tablas de diferentes medidas y grosores. Las podemos ubicar desde principios del siglo XX hasta mediados, que fueron sustituidas en Eivissa por las colmenas movilistas, del tipo Langstroth y Dadant, a partir de los años 80 del siglo pasado.

En los cuatro casos, cada elemento inferido se utilizaba como nido de cría y era revestido con los materiales arquetipados de las colmenas tradicionales de Ibiza, es decir, rocalla a modo de drenaje en su lecho, tierra de sitja y Posidonia oceánica, todo ello coronado por una techumbre de piedra caliza, rematado con arcilla, tierra blanca y cal.

Las dos fases de la obra 

La obra consta de dos partes, una primera fase iniciada por una comisión en el año 2012, que finalizó en el 2016 con la catalogación de 60 apiarios y 677 colmenas.

La segunda catalogación se inició en el mes de enero de 2022, para finalizar a principios del mes de agosto del mismo año, por un solo miembro, que documentó 93 apiarios y 1444 colmenas.

Cada asentamiento se halla inserto en una ficha en la que consta su posición realizada con un geolocalizador indicando la ubicación exacta, incluso su emplazamiento respecto al nivel del mar, el propietario, el año de construcción, la cantidad de colmenas y los rasgos más significativos de cada apiario.

El caso de Formentera

Para finalizar la obra, su autor se adentra en el repoblamiento de Formentera, donde la disminución de los ataques corsarios y el incremento demográfico de Ibiza sentaron las bases de una nueva y definitiva repoblación de la pitiusa menor, que se inició a finales del siglo XVII y se consolidó a lo largo del XVIII.

A diferencia de las colmenas de la pitiusa mayor, las de Formentera tenían una estructura rectangular elaborada con cuatro tablas de madera longitudinal superpuestas sobre dos piedras ancladas en el suelo, perpendiculares a la colmena. En Formentera no se conoce las existencia de las mismas construcciones que existían en Ibiza desde tiempos remotos, pese a la población que repobló la isla a finales del siglo XVIII por ciudadanos principalmente de Santa Eulària y Sant Carles de Peralta.

El mayor número de colmenas se hallaba dispuesta en La Mola por las extensas praderas donde florece el tomillo, Thymus vulgaris. 

Previsiblemente en los años 50 del siglo pasado habría el mismo número de colmenas que hay en la actualidad -a 1 de marzo de 2022-, es decir, unas 250. Estas se hallaban dispersas por la Pujada a la Mola, Es Caló, Es Ca Marí, Cala Embaster y Punta Prima; en definitiva en todas las zonas donde existía zona boscosa.

En la parte superior se disponía alga, Posidonia oceánica, a modo de protección o regulador térmico, coronada con verduc de brezo. Para fijar su techumbre se disponían piedras para que no se desprendiera por la acción del viento.

El libro se ha elaborado con el propósito de convertirse en una obra de obligada consulta tanto para profanos como para entendidos en el arte apícola que deseen ampliar sus conocimientos en la materia. 

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